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>> TEXTOS EN ESPANOL (SELECCION)

Science versus Fiction
en EXIT EXPRESS n°44, Mayo 2009



Creado a finales de 2007 en un edificio renovado que forma parte de la Universidad de Paris, el centro de arte Bétonsalon, animado por un equipo joven, se ha afirmado en algunas exposiciones como uno de los lugares mas interesantes y mas dinamicos de la escena parisina, en términos de experimentacion y de economia comisarial. Como reaccion a su situacion geografica en el seno de un polo de formacion e investigacion, pero también una zona de equipamiento urbano en plena mutacion en el centro de Paris, la exposicion Science versus fiction tiene la intencion de interrogar por los vinculos entre arte, arquitectura y ciencias hoy en dia. Vasto tema. Todas las obras funcionan a partir de fenomenos fisicos, mecanicos o quimicos simples, prestados de las ciencias, modelados por las artes, y a menudo aplicados a la arquitectura. La arquitectura puede, en efecto, considerarse en cierto modo como la fusion y la actualizacion en lo real de lo imaginario artistico y de los conceptos cientificos, un vuelco interesante del concepto artistico y de lo imaginario cientifico. Es en esta interferencia, justamente, entre una ciencia formal y un arte de investigacion, donde la exposicion nos hace descubrir obras de artistas que juegan con estas cuestiones mas que responderlas, asociandose de manera libre en torno a un hilo tematico tenue ligado a la investigacion, a la intuicion, la interpretacion poética de cualidades psiquicas y fisicas de la materia. Recordaremos sobre todo el trabajo del esloveno Tobias Putrih. Sus elegantes collages asocian motivos del entretenimiento o de la ficcion con verdaderas ilustraciones cientificas que muestran isomorfias que firman un imaginario comun. De manera mas pragmatica y mas escultural, la instalacion casi invisible de Guillaume Leblon, unas lamas largas y finas de cristal adosadas a la pared cuyo tamaño esta calculado para que ellas se doblen bajo su peso justo antes de ceder, miden la capacidad de resistencia de este material a la atraccion universal. La maquina soltera de Judith Fegerl, que teje muy lentamente una especie de redecilla tubular en algodon que se enrolla sobre si misma como las modelizaciones informaticas de la teoria del caos, funciona como una especie de vanidad artesano industrial.

También destacaremos los efectos ilusionistas simples y low tech de Ariel Schlesinger o Ceal Floyer, y la evidente presencia de un Olafur Eliasson. Un pequeño laboratorio instalado en la exposicion propone por otro lado experimentos cientificos sencillos como esos motivos perfectamente sinusoidales dibujados por el desgarro de una pelicula plastica con un boligrafo o esos extraños erizos brillantes creados por imanes en la superficie de liquidos magnéticos. Es cierto que estas busquedas no son nuevas y que todas las generaciones han conocido sus grandes exposiciones de relaciones nunca resueltas entre las ciencias y el arte, dos dominios que, a pesar de los fugaces puntos de encuentro (como la arquitectura) continuan siendo dominios reservados. Sin embargo, una nueva generacion de artistas parece volver a invertir directamente ciertos objetos del saber, de la experiencia y del conocimiento, volviendo a una especie de positivismo cientifico mas o menos amateur. Un positivismo de la experiencia, de una practica de la ciencia popular y artesana, apropiacion de lo cognitivo por la doxa antes de su captura por el experto y la profesionalizacion de las academias. Una propension que, a menudo, tiene algo de nostalgico, de ahi las referencias recurrentes a figuras como Buckminster Fuller, Paolo Soleri o Aby Warburg, que nunca han sido tan convocados en el arte como desde hace algun tiempo. Una especie de "retrofuturismo" que podria ser muestra de una nostalgia para un tiempo en que el progreso cientifico y el futuro eran vistos con excitacion y esperanza. Esperamos que esta tendencia sabra ser menos en la celebracion que en la construccion y, por qué no, marcara la llegada de una nueva era de reapropiacion especulativa del conocimiento.

Guillaume Désanges